Bonsoir tout le monde!

Iniciado por Capitán Nemo, 25 de Julio de 2011, 23:29

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berdinda

Aparezco por estribor y me subo al mastil a otear el horizonte. Espero no molestar. Avisaré si veo algún naufragio.

:gear2:
Alvarito, tan lejos y tan cerca. No te olvido.
El reparto más equitativo es el de la inteligencia: TODO EL MUNDO CREE TENER SUFICIENTE
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AngelRF

¿Pero este hilo es en serio?  :grin:

PrinceOftennis

Pues claro que es enserio!!!
Oscar Forero revelación 2011
"la mejor de las nuevas
incorporaciones de este año al foro"

Cristal

Aiss ... ¡mi pobre Nautilus!. Encallado, escorado y a punto de convertirse en un nuevo Titanic.  :huh: Sin Nadie, esto no es nada.  :sad:

En fin, vengo decidida a brindar por Rafael Nadal, y eso haré: larga vida al emperador de Montecarlo.   :birras:
¡¡Vamos, Rafaaaaa!!

berdinda

Este hilo se unde. El capitán Nemo hace días que no nos visita.  :titanic:
Alvarito, tan lejos y tan cerca. No te olvido.
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berdinda

Se hunde tanto que ya empieza a perder la h el verbo.  :grin:
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Cristal

Ja, ja, ja... menos mal que, en plena mar, hasta las haches se pueden repescar..  :grin: Y es cierto... Nemo nos ha abandonado.  :cry:
¡¡Vamos, Rafaaaaa!!

davidanger

Sigue a flote el Nautilus? O me echo ya a los tiburones?
Canal de YouTube (Foot Fault Tennis)

Tenistas en Activo: Shapovalov-Tsonga-Thiem-Fognini-Bolelli-Sousa-Kontinen-Davidovich
Tenistas Retirados: Ferrer-Hewitt-Ferrero-Gaudio-Krajicek-Johansson-Roddick

Cristal

Sigue a flote, claro.. el Nautilus no se puede hundir.... es un submarino, ja, ja.... No agobies a los tiburones, ¿quieres?.    :wink:

Buenas noches, davidanger.  Y hasta mañana.
¡¡Vamos, Rafaaaaa!!

berdinda

El príncipe Dakkar, más conocido como Capitán Nemo. ¿conocéis su historia?
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Gyo

Cuanto tiempo sin entrar por aquí, ¿creéis que si le llamamos, acudirá a nosotros?  :police:

Cita de: berdinda en 29 de Abril de 2012, 16:03
El príncipe Dakkar, más conocido como Capitán Nemo. ¿conocéis su historia?

No conozco su historia, Berdinda.  :huh:
El futuro me interesa, porque es el lugar en el que quiero pasar el resto de mi vida (Woody Allen)

berdinda

Curiosamente Verne no la cuenta en Veinte mil leguas de viaje submarino, sino en La isla misteriosa.

El capitán Nemo era un hindú, el príncipe Dakkar, hijo de un rajá del territorio, entonces independiente, del Bundelkund, y sobrino del héroe de la India, Tippo-Saib. Su padre le había enviado a Europa a la edad de diez años para que recibiera una completa educación, con la secreta intención de que un día pudiese luchar, con armas iguales, contra los que él consideraba como los opresores de su país.

De los diez a los treinta años, el príncipe Dakkar, superiormente dotado, con una preclara inteligencia y gran nobleza de sentimientos, estudió todas las disciplinas y profundizó considerablemente sus conocimientos en las letras, las artes y las ciencias.

El príncipe Dakkar viajó por toda Europa. Su cuna y su fortuna le granjearon la solicitud de la sociedad, pero nunca se sintió atraído por los placeres mundanos. Joven y guapo, se mostraba serio y hasta sombrío, dedicado a saciar su sed de conocimientos. Tenía un implacable resentimiento anclado en el corazón.

El príncipe Dakkar odiaba. Odiaba al único país en el que nunca había querido poner el pie, a la nación de la que había rechazado ofertas y proposiciones. Odiaba a Inglaterra, tanto más cuanto que la admiraba también en más de un aspecto.

El hindú llevaba consigo todo el odio feroz del vencido al vencedor. El invasor no había podido lograr el perdón del invadido. El hijo de uno de esos soberanos a los que el Reino Unido sólo ha podido someter nominalmente, el príncipe de la familia de Tippo-Saib, educado en las ideas de reivindicación y venganza, animado de un gran sentimiento patriótico hacia su poético país sometido al yugo inglés, no quiso jamás poner el pie en esa nación para él maldita, a la que la India debía su servidumbre.

El príncipe Dakkar se convirtió en un artista al que impresionaban las maravillas del arte, en un sabio al que ninguna ciencia le era ajena, en un hombre de Estado formado en las cortes europeas. Ante observadores superficiales, pasaba por ser uno de esos cosmopolitas ávidos de saber pero renuentes a la acción, uno de esos opulentos viajeros, de orgullosa y platónica mentalidad, que van incesantemente de un país a otro sin pertenecer a ninguno.

No era ése su caso. El hombre, el sabio y el artista eran un indio de corazón, indio por el deseo de venganza, indio por la esperanza que alimentaba de reivindicar algún día los derechos de su país, de expulsar de él al extranjero, de reconquistar su independencia.

Por ello, el príncipe Dakkar regresó al Bundelkund, en 1849. Se casó allí con una notable india, que compartía con él el sufrimiento por los males de su patria. Tuvo con ella dos hijos muy amados. Pero la felicidad doméstica no podía hacerle olvidar la esclavitud de la India. Esperaba una ocasión, que no tardó en presentarse.

El yugo inglés iba haciéndose cada vez más insoportable a la población india. El príncipe Dakkar tomó la voz de los descontentos y les inculcó su odio al extranjero. Recorrió no sólo las comarcas aún independientes de la península índica sino también las regiones directamente sometidas a la administración inglesa. Recordó los grandes días de Tippo-Saib, caído heroicamente en Seringapatam por la defensa de la patria.

En 1857 estalló la gran rebelión de los cipayos. El príncipe Dakkar se convirtió en el alma de la misma. Organizó el gran levantamiento. Puso todo su talento y todas sus riquezas al servicio de la causa. Contribuyó también con su persona, luchando siempre en primera fila y arriesgando su vida como el más humilde de aquellos héroes que se habían sublevado para emancipar a su país del yugo extranjero. Resultó herido diez veces en veinte batallas, sin poder encontrar la muerte cuando los últimos combatientes de la independencia cayeron bajo las balas inglesas.

Jamás el poderío británico en la India había corrido tanto peligro y de haber obtenido los cipayos, como esperaban, la ayuda exterior, tal vez habrían acabado en Asia con la influencia y el dominio del Reino Unido.

El nombre del príncipe Dakkar se hizo célebre entonces. El héroe que lo llevaba no se ocultó y luchó abiertamente. Se puso precio a su cabeza, y, aunque no surgió ni un solo traidor para entregarla, su padre, su madre, su esposa y sus hijos pagaron por él, antes incluso de que él pudiera darse cuenta del peligro que corrían por causa suya.

El derecho había sucumbido, una vez más, a la fuerza. Pero la civilización no retrocede nunca, y parece extraer de la necesidad todos los derechos. Derrotados los cipayos, el país de los antiguos rajás cayó de nuevo bajo el dominio, aún más fuerte, de Inglaterra.

El príncipe Dakkar, que no había podido encontrar la muerte en combate, regresó a las montañas del Bundelkund. Allí, solo en lo sucesivo, presa de una inmensa repugnancia ante todo lo que llevaba el nombre del hombre, embargado de odio y horror al mundo civilizado, se propuso huir de él para siempre y, haciendo acopio de los restos de su fortuna, reunió a una veintena de sus más fieles compañeros y desapareció con ellos un día.

¿Adónde había ido a buscar el príncipe Dakkar esa indpendencia que le rehusaba la tierra habitada? Bajo las aguas, en la profundidad de los mares, donde nadie podría seguirle.

El científico sustituyó al guerrero. Una isla desierta del Pacífico le sirvió para establecer sus astilleros, y allí se construyó un barco submarino según sus planos. Empleó para todas las necesidades de su aparato flotante, como fuerza motriz, lumínica y calorífica, la electricidad, cuya inconmensurable fuerza mecánica supo utilizar a través de medios que algún día se conocerán, obtenida de fuentes inagotables. El mar, con sus infinitos tesoros, sus miríadas de peces, sus cosechas de algas, sus enormes mamíferos, y no sólo lo que la naturaleza mantenía en su seno sino también todo los que los hombres habían perdido en él, bastó ampliamente para subvenir las necesidades del príncipe y de su tripulación. Con ello vio logrado su más vivo deseo, que no era otro que el de cortar para siempre toda comunicación con la tierra. Dio a su aparato submarino el nombre de Nautilus, y a sí mismo el del capitán Nemo, y desapareció bajo los mares.

Durante muchos años, el capitán Nemo visitó todos los océanos, de un polo a otro. Paria del universo habitado, recogió de esos mundos desconocidos admirables tesoros. Los millones perdidos en la bahía de Vigo, en 1702, por los galeones españoles, le proporcionaron una mina inagotable de riquezas, que utilizó siempre, anónimamente, en favor de los pueblos que combatían por la independencia de sus países.

Llevaba mucho tiempo sin mantener ninguna comunicación con sus semejantes, cuando, durante la noche del 6 de noviembre de 1866, tres hombres abordaron el Nautilus. Eran un profesor francés, su sirviente y un pescador canadiense. Esos tres hombres habían caído al mar, tras el choque que se había producido entre el Nautilus y la fragata de los Estados Unidos Abraham Licoln, que trataba de darle caza.

El capitán Nemo supo por ese profesor que el Nautilus, tomado unas veces por un gigantesco mamífero de la familia de los cetáceos, y otras por un aparato submarino tripulado por piratas, era perseguido por todos los mares.

El capitán Nemo habría podido devolver al océano a esos tres hombres lanzados por el azar hacia su misteriosa existencia. No lo hizo, sino que los mantuvo prisioneros, y durante siete meses pudieron contemplar todas las maravillas de un viaje de veinte mil leguas bajo los mares.

Un día, el 22 de junio de 1867, esos tres hombres, que nada sabían del pasado del capitán Nemo, lograron escapar, tras haberse apoderado de la canoa del Nautilus. Pero como en ese momento el Nautilus había ido a caer, frente a las costas de Noruega, en los torbellinos del Maelstrom, el capitán creyó que los refugiados se habían ahogado en aquellos espantosos remolinos. Ignoraba que el francés y sus dos compañeros habían sido milagrosamente arrojados a las costas, que los pescadores de las islas Lofoden les habían recogido, y que el profesor, a su regreso a Francia, había publicado la obra en la que se describían y se entregaban a la curiosidad pública siete meses de la extraña y aventurera navegación del Nautilus.
Alvarito, tan lejos y tan cerca. No te olvido.
El reparto más equitativo es el de la inteligencia: TODO EL MUNDO CREE TENER SUFICIENTE
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berdinda

Cita de: Gyo en 30 de Abril de 2012, 19:24
Cuanto tiempo sin entrar por aquí, ¿creéis que si le llamamos, acudirá a nosotros?  :police:

La esperanza es lo último que se pierde  :smiley:


:gear: CAPITÁN NEMOOOOO!!
Alvarito, tan lejos y tan cerca. No te olvido.
El reparto más equitativo es el de la inteligencia: TODO EL MUNDO CREE TENER SUFICIENTE
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Gyo

"La esperanza es el sueño del hombre despierto" Aristóteles.

Gracias por la historia, Berdinda  :afro:

La leo ahora mismo.
El futuro me interesa, porque es el lugar en el que quiero pasar el resto de mi vida (Woody Allen)

Cristal

¡¡¡Gyo!!!  ¡que alegría verte por aquí!, ja, ja, ja.. ¿te has perdido en el Nautilus?.

Gracias por la historia, berdinda . No te quedes afónica, mi amigo Nadie está cumpliendo condena, y no puede salir..
¡¡Vamos, Rafaaaaa!!